2001-2002. El año que viví peligrosamente … la Paz. 1.

Hace 10 años tuve una curiosa experiencia que, desde entonces, quiero contar. El problema es que se refiere a una circunstancia y lugar con más actores, y alguno de ellos no sale bien parado. Razón por la cual, y dado que se cosideran políticos en unos casos, hablar de esto está socialmente prohibido. Además de que te la juegas, el que la hace la paga al contado. 

A pesar de que quería contarlo desde el principio públicamente, y de que mi amigo Luis Asenjo me insistía: “Escríbelo, Fernando, escríbelo”, en tardes de rabieta y terapia, he estado callado por la única razón de no herir a las personas protagonistas. Cuando además sé que algunas de ellas, las que he dicho que se consideran “políticos” especialmente, re-interpretarán esto como una agresión, y comenzarán una luchita de poder, de dejar las cosas en su sitio, del que la hace la paga. 
Encontré la supuesta solución, ahora que todos y todas las protagonistas no están en los cargos que aquí se mencionarán, voy a escribir lo que pasó, con nombres falsos, y haciendo una recreación novelada, intento del que queda un blog en wordpress. Pero como no me apetece hacer literatura con determinados personajes, ni sé por qué tengo que andar escondiéndome, dejo esas entradas allí, las doy por leídas y sigo el relato. No sin antes comentar que, cuando fui a inscribir el blog, puse como nombre elañodelapaz.worpress, que fue reinterpretao por las máquinas como “elaodelapaz.worpress” lo que, perdonando la ortografía, en realidad tiene más relación con la realidad vivida.
Mi último compromiso por intentar que las personas mencionadas no se lo tomen por lo personal es no mencionar los nombre, sino los cargos que ostentaban, nunca mejor dicho. Esto tiene, además, la ventaja de que recalca algo esencial: no juzgo a personas, hace muchos años que renuncié a juzgar a las personas, por tanto es casi imposible que pueda descalificar nunca a nadie aunque la primera vez que la vea se esté equivocando porque no juzgo personas, pero sí sus hechos y opiniones. No para descalificarlas, pero sí para mostrar respetuoso desacuerdo cuando esto se produce o si se produce. Y más en un ámbito profesional como el educativo, donde las personas comprometidas tenemos opiniones bastante marcadas, a un pelo de la militancia, nada recomendable, por otra parte, pero comprensible, si se acepta que algunas de estas personas se dedican a esto porque sabemos que es la única manera real y válida de mejorar una sociedad, un país, … que es mejorar a las personas que lo habitan o componen. 
Quiero decir que una de las cosas más bonitas que aprendí este año fue el concepto de “violencia estructural” (J. Galtung), he entendido el mundo de las estructuras sociales humanas de otra manera desde que lo aprendí, y además, tuve un cursillo práctico intensivísimo de un año en la Delegación Provincial de Educación de mi provincia. Al tercer mes reconozco que lo que se me pasaba por las entrañas era encadenarme a las rejas de la puerta, llamar a la prensa y contar el sinsentido monumental que estaba viviendo. Nunca sabré si me equivoqué al no hacerlo. Mi familia me lo agradece. Pero a mí me sigue pareciendo un poco de cobardía. A la que llaman prudencia, y que no suele venir mucho conmigo. 
 

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